“Nos es muy grato dirigirnos a ustedes y darles la bienvenida en nombre de FIPES, asociación peruana representativa de un conjunto de universidades privadas del Perú, tanto asociativas como societarias, y que tiene como distinción un compromiso demostrado hacia la calidad en el  servicio educativo peruano. FIPES atiende a uno de cada cuatro estudiantes de la universidad privada, que a su vez es casi el 75% de la población universitaria total y el 69% de los egresados universitarios del país. FIPES es miembro de REALCUP, la Red Latinoamericana y Caribeña de Asociaciones de Universidades Privadas, que convoca la universidad privada de 13 paises de la región. La educación privada es el 54% de la población estudiantil en ALC.

Nuestro país no ha estado exento a los cambios tecnológicos, sociales y políticos que han caracterizado al fin del milenio. El Perú ha superado en ese periodo, la guerra contra el terrorismo, que significó la muerte y desaparición de decenas de miles de peruanos en las décadas finales del siglo XX. Ha superado igualmente la peor crisis económica de su historia marcada por la hiperinflación y el éxodo de miles de compatriotas, y ha vivido también la irrupción de las tecnologías de la información donde podemos destacar el amplio y meritorio desarrollo de las cabinas de internet al final del siglo pasado, y el masivo uso de la telefonía celular en estos años junto a los mas modernos procesos de digitalización en la empresa peruana.

La educación del país ha vivido en este periodo un panorama similar de trascendentales cambios. Para superar la crisis en la oferta educativa agravada por los sucesos de los años 80 y 90, nuestro país implementó una importante reforma para atraer la inversión privada a la universidad, que superara la donación de impuestos del estado para la creación de nuevas universidades. Esto produjo un resultado exitoso atrayendo la inversión de recursos privados que hicieron crecer la oferta, y que permitió ver también las desigualdades en la oferta educativa desde la calidad.

La carencia de recursos generaba problemas de calidad en la universidad pública. Los deficientes procesos electorales de las asambleas universitarias, marcadas por el clientelismo originaban malas gestiones para la calidad en la universidad asociativa; y la carencia de regulación producía pésimos malos ejemplos de calidad en la universidad societaria, demostrando así que la deficiencia en calidad depende de la capacidad de gestión directriz y una eficaz rendición de cuentas y no del tipo de propiedad de la universidad.

Para resolver los problemas de calidad, en la década siguiente a la promoción de la cobertura se promulgó en nuestro país, la ley de creación del sistema nacional de acreditación, definiéndola como un proceso voluntario para la mayoría de carreras y que significo la participación de la universidad expresada en miles de comités de autoevaluación. Siete años después la ley que creó el órgano regulador de la universidad, el SUNEDU, responsable de supervisar la oferta pública y privada en función a la rendición de cuentas sobre el cumplimiento de condiciones básicas de calidad. El organismo regulador ha aportado también en impulsar la investigación como parte del adecuado funcionamiento universitario.

Vemos pues un compromiso del país con la promoción del acceso a una educación superior capaz de lograr la cobertura requerida y cumpliendo las necesarias condiciones de calidad. Pero además de este compromiso es importante destacar la capacidad de nuestra sociedad en lograr que sus leyes demuestren el respeto a una convivencia positiva de la diversidad universitaria. La universidad pública, la privada asociativa y la privada societaria presentan diversos ejemplos de un actuar asociativo. Hemos dicho que FIPES es ejemplo de ello al agrupar universidades asociativas y societarias, pero también los convenios entre universidades públicas con privadas asociativas y societarias, para proyectos de investigación y responsabilidad social. La diversidad institucional al igual que la diversidad en el pensamiento humano es generadora de innovaciones y nuevos conocimientos. Esa diversidad demanda tolerancia y autonomía, que siempre han sido características fundamentales de la cultura universitaria.

Hoy toca fortalecer el plan de acción para la construcción de una política educativa de estado al futuro, sustentada en los principios liberales y humanistas, que promueva el acceso al derecho a la educación superior como posibilidad de una mejora en el bienestar y la forja de una ciudadanía democrática, promoviendo la inversión privada en educación en el marco de una economía social de mercado y responsabilidad social universitaria, superando la falsa dicotomía entre lo público y lo privado. Un plan, repetimos, para fortalecer la diversidad y la colaboración entre los diferentes tipos de universidad.

Muchas gracias”.